Se jugaba el encuentro de Tercera División frente a la Arandina. Minuto noventa y el árbitro mirando su reloj. El marcador, 0-1. Aquello estaba negro. En ese momento un joven defensa arranca desde el centro del campo con el balón, sube con él prácticamente hasta la línea de córner y lanza un centro-chut que lleva el esférico, de forma increíble, al fondo de la red. Un imposible. Al final del encuentro, el autor del gol del empate afirmó, “por más que haga la misma jugada diez mil veces, el balón no volvería a entrar”.
Ramsés Gil Tordesillas (28/6/1976), llegó a la Segoviana en la temporada 96/97. En el Quintanar, como tantos otros jugadores, comenzó a destacar junto a un amplio grupo de amigos. Con muchos de ellos recorrió un largo camino deportivo. En la campaña/94/95 jugó en el C.D. La Granja para pasar posteriormente a la Gimnástica Segoviana. Con el burgalés Mezquita se inició en el camino de la tercera división. En la temporada 96/97 comenzó a forjar su carácter. Los problemas económicos salieron a flote antes de llegar a mitad de campaña. La plantilla se reúne en el vestuario tras un entrenamiento y deciden no jugar el siguiente encuentro si no se les dan soluciones. Ramsés es uno de los portavoces. No importa su juventud, porque sus compañeros confían en él. Fue su primer acto reivindicativo en el fútbol. Por desgracia habría muchos más en el vestuario azulgrana.
Cierto es que en la Segoviana siempre hubo jugadores que destacaban por su ímpetu y arrojo. Esa trayectoria se mantuvo con Ramsés, que estuvo en el mismo camino de Mariano Gutiérrez, Domingo, Costa… Cierto es que no ha sido habilidoso en el regate, pero yo me quedo con su bravura, con su entrega, con su “vamos a por el partido”, por más que faltara un minuto y perdieron 3-0. Ahí, en ese camino -necesario en cualquier equipo-, se encontraba siempre el magnífico defensa gimnástico.
Ahora, por decisión propia, decide poner el punto y final a su trayectoria como jugador. En ese largo camino de futbolista de raza, me quedo con su ilusión, su estímulo personal y su total entrega a lo que hacía. Una buena parte de todo ello se lo debe a sus padres. Le han seguido, animado, aplaudido y compartido ilusión. Con mi recuerdo y afecto, un abrazo para todos ellos.